NOTA DE PRENSA N° 275
📷 Portada: Estudiantes cubanos en la URSS. Fuente: OnCuba (2022).
Campus universitarios: cantera de espías y agentes de influencia del gobierno cubano.
Desde el triunfo revolucionario en 1959, el gobierno cubano desarrolló una estructura de Inteligencia robusta enfocada no solo en la defensa del Estado, sino también en la expansión de su influencia en el extranjero. Para este fin, una de sus estrategias más notables ha sido el uso de universidades foráneas, ya sea para formar o para reclutar espías y agentes de influencia.
La Revolución cubana marcó un cambio radical en la política y en la sociedad del país. Con la llegada al poder de Fidel Castro, el nuevo gobierno estableció relaciones con varios países, incluyendo la Unión Soviética, que proporcionaron apoyo económico y militar. En este contexto, el espionaje se convirtió en una herramienta crucial para la supervivencia del sistema en Cuba. La creación de la Dirección General de Inteligencia (DGI), en 1961, fue un paso fundamental en la institucionalización de las actividades de Inteligencia en Cuba.
A medida que se intensificaba la Guerra Fría, el gobierno cubano se vio en la necesidad de formar agentes de Inteligencia altamente capacitados. Las universidades extranjeras comenzaron a ser vistas como un recurso valioso para adquirir conocimientos y habilidades que no estaban disponibles en la Isla. Esto llevó a la creación de programas específicos destinados a enviar estudiantes cubanos al exterior, donde podían formarse en diversas disciplinas, incluyendo ciencias políticas, relaciones internacionales y tecnología de la información, además de establecer relaciones con “personas de interés”.
Inicialmente, los centros de estudios en los antiguos países socialistas en Europa, sobre todo los del bloque soviético, acogieron a miles de cubanos. Entre ellos, la Universidad Estatal de Moscú Mijaíl Lomonósov, por ejemplo, fue clave en la formación de agentes cubanos. Los estudiantes cubanos que asistían a estas instituciones no solo recibían instrucción académica, sino también formación por parte de las agencias de Inteligencia soviéticas.
Tal fue el caso de los alumnos enviados a estudiar a la Academia Militar Frunze, los cuales aprendieron tácticas militares y de espionaje; muchos de los ellos ocuparon puestos clave dentro de los órganos de Seguridad del Estado a su regreso a Cuba. La importancia de esta formación era tal, que, a pesar del desmembramiento de la URSS y la caída del bloque socialista, Rusia siguió subsidiando los servicios de inteligencia cubanos, según reporta el Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés).

Academia militar M. V. Frunze. Fuente: Blog de Benito Sacaluga (2017).
Esas inserciones no se limitaron solo a Europa del Este. Cuba también envió estudiantes a universidades en países latinoamericanos como Venezuela, Nicaragua y Bolivia. Asimismo, la Universidad Autónoma de México y el Instituto de Estudios Internacionales de Chile han sido centros de reclutamiento en la región. Estos programas educativos han servido no solo para proporcionar estudios universitarios, sino también para establecer redes de contactos que pueden ser utilizadas para actividades de espionaje.
Además de los países socialistas, Cuba insertó estudiantes en universidades en Europa occidental y América del Norte, como la Universidad de París. Aunque estos programas son menos comunes, han demostrado ser eficaces para reclutar y entrenar agentes con habilidades específicas en áreas como ciberinteligencia y análisis político.
El proceso de selección de los estudiantes no es aleatorio. Los criterios específicos para identificar a aquellos con potencial para convertirse en agentes de Inteligencia no contemplan solo el rendimiento académico, sino que también incluyen la lealtad al régimen y las habilidades interpersonales. Una vez seleccionados, los estudiantes son sometidos a una rigurosa formación de técnicas de espionaje y contraespionaje, como recopilación de información, análisis de datos y realización de operaciones encubiertas.
Estos universitarios tienen órdenes de integrarse en redes locales que puedan ser útiles para las actividades del gobierno cubano. Para ello, establecen contactos con otros alumnos, activistas políticos y miembros de comunidades exiliadas, cuyas conexiones les permiten obtener información sobre movimientos políticos y sociales en los países anfitriones.
Una de las naciones que más ha experimentado el embate sistemático de la Inteligencia cubana es Estados Unidos, como reconocieran recientemente varios analistas de la División de Contrainteligencia y Espionaje del FBI; aunque esta situación venía siendo alertada desde hacía años por diversos actores y grupos de la sociedad civil cubana.
El FBI y exagentes del Departamento de Inteligencia cubano, como Orlando Brito, coinciden en que las universidades más penetradas pertenecen a la Ivy League, donde ha sido insertado o reclutado personal para labores de espionaje, con afinidades ideológicas y una concepción edulcorada de la Revolución cubana. Según Brito, Cuba aprovechó su imagen como frente antimperialista para influir en los jóvenes de izquierda en Estados Unidos, sobre todo después de la Guerra de Vietnam.
El Congreso, los Departamentos de Estado y del Tesoro, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y el FBI fueron objetivos priorizados a través de los centros universitarios y académicos vinculados a recomendaciones y estudios con el Gobierno y los servicios de Seguridad estadounidenses. A inicios de los años 80, la Seguridad cubana tenía un listado de universidades con centros de estudio sobre Cuba y profesores con un pensamiento político de izquierda que podían aprovechar en Washington, New York, New Jersey, Boston y California. El objetivo eran alumnos y profesores vinculados a las ciencias sociales (relaciones internacionales, derecho, estudios latinoamericanos, etc.) con capacidad de integrarse en un círculo de relaciones militar o político.
Por su parte, José Cohen, exagente de la inteligencia cubana, detalla cómo la penetración universitaria en Estados Unidos comenzó desde la década de 1960:
“El régimen cubano no cuenta con suficientes recursos para hacer propuestas de pago a cambio de información. […] ha perfeccionado el trabajo de penetración profunda y a largo plazo, que consiste en trabajar agresivamente en las universidades estadounidenses, basado en la premisa de que allí se forman los futuros funcionarios del gobierno y del sector de la defensa y la comunidad de inteligencia.
[…] Por ejemplo, recuerdo detalladamente estudios hechos sobre la Universidad de New York; Hunter College; Columbia University; American University; Georgetown University; Florida International University; Barry University; la Universidad de Miami; Harvad University; Yale University; la Universidad de Pensylvania; Berkeley; MIT, etc.
Estas universidades específicamente son objetivos de penetración, por su prestigio e importancia. De ellas egresan graduados que normalmente después ocupan cargos importantes, y además en el caso de las de New York y Washington, están relativamente cercas de los Centros Legales ubicados en la Oficina de Intereses de Cuba y en las Naciones Unidas. En el caso de Miami, las universidades del área son objetivos críticos por la presencia de cubano-americanos con potencial de convertirse en personas influyentes. En el caso de Berkeley y MIT, por su alto nivel académico, son objetivos […] del del Dpto. M-VI, que se dedica al espionaje industrial.
El interés y trabajo hacia estas universidades comenzó en la década de los 60, […] fueron los soviéticos los que enseñaron a los cubanos toda la metodología de penetración e hicieron ver cuán importante era trabajar sobre las universidades. Desde esa época, oficiales de inteligencia cubanos, […] se concentraron en estudiar, penetrar e influenciar el mundo académico norteamericano.
El servicio de inteligencia cubano, tiene expedientes donde durante años ha acumulado información de estas universidades, de sus profesores, de sus contactos y relaciones, de miles de estudiantes, hoy ubicados en muchas entidades del gobierno.
A través de planes de intercambio inter-universitarios entre las universidades en Estados Unidos y las universidades cubanas, estos oficiales de Inteligencia radicados en Estados Unidos, entran en contacto directo con los directivos y profesores de las diferentes Universidades, y comienzan a desarrollar una relación de acercamiento e influencia, para determinar quiénes son los objetivos de interés”.
A nivel individual, diversos estudios citan los casos de Víctor Manuel Rocha, que espió durante cerca de cuatro décadas para el gobierno cubano, incluidos los veinte años en que trabajó en el Departamento de Estado; Walter Kendall Myers, condenado a cadena perpetua por espiar para Cuba por más de veinticinco años dentro del FBI, junto con su esposa Gwendolyn; Ana Belén Montes, emplantillada en el Pentágono; Marta Rita Velázquez, perteneciente a la Agencia para el Desarrollo (USAID, por sus siglas en inglés); y Mariano Faget, subdirector en funciones del Servicio de Inmigración y Naturalización. Menos este último, los restantes fueron reclutados en su etapa universitaria; tres de ellos (Myers, Montes y Velázquez), en la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados, perteneciente a la Universidad John Hopkins (Washington D.C.).


Víctor Rocha (arriba) y Walter Kendall Myers y su esposa Gwendolyn (abajo). Fuentes: Telemundo51 (2024) y Reuters (2009), respectivamente.


Ana Belén Montes (arriba) y Marta Rita Velázquez (abajo). Fuentes: New York Daily News (2022) y El Nuevo Día (2013), respectivamente.
Otro matrimonio en Estados Unidos, Carlos M. Álvarez y Elsa Prieto, acusado en 2006 de ocultar su condición de espías en un país extranjero al Secretario de Justicia, tuvo amplia cubertura mediática. Ambos trabajaban en la Universidad Internacional de la Florida (FIU, por sus siglas en inglés): él, como profesor de Psicología, y ella, como coordinadora de un programa de entrenamiento social. En sus más de dos décadas de labor para la Seguridad cubana, recopilaron información sobre la comunidad de exiliados en Miami y personal de la Universidad, incluyendo a su presidente Modesto Maidique. Durante el proceso, el fiscal federal asistente reveló que la pareja no solo cumplía su cometido dentro del territorio estadounidense, sino que, incluso, Álvarez establecía contacto con otros académicos en sus viajes fuera del país y después reportaba información sobre ellos a La Habana; y citó a Orlando Rodríguez, profesor de la Universidad de Fordom (Nueva York), como uno de esos vínculos.

Carlos M. Álvarez y Elsa Prieto. Fuente: El Nuevo Herald (2006).
En esa ocasión, incluso el medio oficial Cubadebate publicó un artículo en su defensa, cuestionando el proceso judicial. El texto, aunque trata de opacar las acusaciones, sí confirma que tanto Carlos M. Álvarez como Elsa Prieto formaban parte de los “viajes de intercambio académicos con Cuba y la comunidad cubana emigrada que propugna el fin de la política de agresión en contra de Cuba, y la resolución de los conflictos existentes entre los gobiernos de Cuba y Estados Unidos a través del diálogo”, desde hacía más de dos décadas. El autor de este alegato defensivo es el director de la versión digital del Areíto, Andrés Gómez.

Andrés Gómez (con barba), junto a Max Lesnik, en el Centro de Prensa Internacional de La Habana, durante la celebración por el 40 aniversario de la fundación de la Brigada Antonio Maceo. Fuente: Mundo Obrero (2018).
Sin embargo, Andrés Gómez, a pesar de ser cubano emigrado residente en Estados Unidos y de sus vínculos con varias organizaciones y medios de comunicación relacionados con Cuba, es incapaz de mencionar que desde inicios de la Revolución es práctica común en la Isla expulsar a profesores y estudiantes de los centros universitarios cubanos, e incluso procesarlos judicialmente y encarcelarlos, solo por ejercer su libertad de expresión en contra del sistema político cubano o criticarlo, bajo acusaciones falsas de mercenarismo y otros delitos contra la seguridad del Estado.
A pesar de las investigaciones académicas al respecto, testimonios de exagentes de la Seguridad cubana, declaraciones de culpabilidad de los propios implicados, acusaciones de organismos de Inteligencia como el FBI y reclamos de organizaciones y actores de la sociedad civil cubana, muchísimas organizaciones siguen permitiendo intercambios académicos con instituciones estatales cubanas, como Casa de las Américas y la Universidad de La Habana, con una larga data de censura y politización. Por ejemplo, en enero de 2024, el Observatorio de Libertad Académica envió una carta a varias universidades pertenecientes a la Ivy League en Estados Unidos, en la que denunciaba la trayectoria de penetración de los servicios de Inteligencia cubanos en el ámbito académico de ese país y las exhortaba a revisar los términos bajo los cuales operan dichos intercambios. La comunicación, firmada por miembros de la comunidad académica cubana cancelada en Cuba, fue dirigida a: Consortium of Advanced Studies Abroad (CASA), Brown University, Columbia University, Cornell University, Dartmouth College, Georgetown University, Harvard University, Johns Hopkins University, Northwestern University, Trinity College Dublin, The University of Pennsylvania, The University of Melbourne y Vanderbilt University; no ha tenido respuesta hasta el momento.
Mientras la UNESCO ha destacado la importancia de la autonomía universitaria e instado a los gobiernos a proteger las instituciones educativas del reclutamiento político en su Declaración Mundial sobre la Educación Superior en el Siglo XXI, donde enfatiza que las universidades deben ser espacios libres de interferencias políticas y donde se fomente el pensamiento crítico; Amnistía Internacional ha documentado casos de violaciones de derechos humanos producto del reclutamiento político en las universidades, mediante represión de la libertad de expresión y el acoso a estudiantes que disienten; y la Unión Europea ha financiado programas en universidades de países afectados por conflictos para fomentar la educación en derechos humanos y promover el diálogo intercultural con la finalidad de prevenir el reclutamiento político; el uso de centros educativos extranjeros por parte del gobierno cubano plantea, sin dudas, diversas cuestiones éticas y legales.
Consideramos que, partiendo de una perspectiva ética, este tipo de actividades socava los valores fundamentales de la educación superior, que deberían estar basados en la búsqueda del conocimiento y el intercambio cultural. Desde el punto de vista jurídico, existen leyes en muchos países que prohíben actividades de espionaje en sus territorios; por tanto, la presencia de agentes reclutados a través de instituciones educativas no solo complica las relaciones diplomáticas entre Cuba y otros países, también genera tensiones dentro del ámbito académico, supuestamente un espacio libre de interferencias políticas.