NOTA DE PRENSA N° 272

📷 Portada: Fotografía de sitial de culto a Fidel Castro en Escuela Secundaria Básica (2025). Fuente: Dirección General de Educación, provincia Granma.

La teoría de la educación: Paulo Freire vs. Fidel Castro.

Este año, la Universidad de Cienfuegos Carlos Rafael Rodríguez, junto con la Asociación de Pedagogos de Cuba y la Dirección General de Educación Provincial, convocó al XIV Encuentro Internacional “Presencia de Paulo Freire: La sostenibilidad de la educación ante los retos y desafíos del siglo XXI” y al “Coloquio Internacional de Reflexión: 100 años con Fidel”, que deben celebrarse entre el 2 y el 5 de mayo de 2026 en la capital cienfueguera. Según la institución, las sesiones de trabajo se corresponden con el VIII Taller Festival Internacional: ProCreArte 2026; el VII Fórum Estudiantil Internacional; el VI Taller Internacional: Educación Inclusiva; el VI Taller internacional: Patrimonio, Identidad y Cultura de Paz; el III Taller Internacional: Gremios y Educación Popular; el II Taller Internacional: La Primera Infancia importa; y el Coloquio “Pensamiento educativo y social de Fidel”.

Relacionados con este evento, al parecer, se encuentran el Consejo de Educación Popular de América Latina y el Caribe (CEAAL), Civitas Global Educational Services, el Centro de Intercambio y Referencias sobre Iniciativas Comunitarias (CIERIC), el Centro Félix Varela y el Consejo Mundial de Académicos e Investigadores Universitarios (COMAU); entre otros organismos internacionales, casas de estudios de educación superior, cátedras de pensadores y centros e instituciones educativas. La convocatoria, además, declara a Panamá como país invitado “por sus conquistas en la lucha contra la injusticia social y por la calidad de la Educación”.

Encabezado del documento de Convocatoria al XIV Encuentro Internacional Presencia de Paulo Freire. Imagen: Universidad de Cienfuegos.

De manera general, sus objetivos incluyen:

  • rendir homenaje activo y comprometido al educador popular Paulo Freire como parte esencial de la Jornada Latinoamericana y Caribeña en defensa de su legado ético, político y pedagógico;
  • generar espacio de reflexión crítica sobre las prácticas educativas actuales, inspiradas en la metodología de la Educación Popular como instrumento de emancipación, diálogo de saberes y transformación social;
  • impulsar la creación artística y cultural desde las comunidades, como forma legítima de expresión política y pedagógica que encarne tanto el pensamiento de Freire como las experiencias populares que resisten y se construyen desde lo local;
  • consolidar la participación crítica y transformadora de las juventudes como protagonistas de los procesos emancipadores, capaces de proyectar acciones concretas desde su visión política y ética, en coherencia con los principios de Freire;
  • celebrar el centenario del natalicio de Fidel Castro, potenciando el estudio, la investigación de su pensamiento y obra, así como la promoción de sus convicciones e ideales;
  • promover la vigencia y articulación práctica del pensamiento de Fidel Castro, integrándolo con la pedagogía freireana, como afirmación de una educación humanista, popular y soberana; y
  • lograr gran movilización internacional en torno a la figura de Fidel y sus aportes en los sistemas educativos de Latinoamérica y el Caribe. 

Los participantes pueden hacerlo tanto de modo presencial como online. Las cuotas de inscripción alcanzan los 200 USD para los ponentes y profesionales extranjeros, 100 USD para estudiantes de pregrado y 80 USD para acompañantes, en caso de asistir físicamente; y 100 USD y 50 USD, respectivamente, para la participación online.

Más allá de las cuotas de inscripción, resalta la unión de la figura de Paulo Freire con la de Fidel Castro en un mismo espacio; si bien ambos influyeron notablemente en los procesos educativos de Cuba, aunque desde perspectivas teóricas e ideológicas distintas que condicionaron las políticas y prácticas en la Isla. Asimismo, destacan los objetivos relacionados con “consolidar la participación crítica y transformadora de las juventudes, como protagonistas de los procesos emancipadores, capaces de proyectar acciones concretas desde su visión política y ética” y “generar espacio de reflexión crítica sobre las prácticas educativas actuales […], como instrumento de emancipación, diálogo de saberes y transformación social” en el contexto educativo cubano.

Paulo Freire, quien fuera uno de los pedagogos más influyentes del siglo XX, desarrolló una teoría educativa que pone en el centro la liberación del ser humano a través del conocimiento crítico y participativo. Su obra más emblemática, Pedagogía del oprimido (1970), denuncia la “educación bancaria”: un modelo donde el docente transfiere conocimientos de manera unidireccional a estudiantes pasivos. En contraste, propone una educación problematizadora, en la que el aprendizaje se construye a partir del diálogo, la reflexión crítica y la praxis (acción-reflexión). De manera específica, abogó por:

  • una educación como instrumento para la liberación política y social de los oprimidos;
  • una pedagogía dialógica basada en el diálogo horizontal entre educador y educando;
  • un proceso de concientización de la realidad social para transformarla; y
  • el conocimiento producido desde la experiencia y contexto del educando.

Cubierta de una edición cubana de textos de Paulo Freire, Editorial Caminos. Imagen: Ecured.

Para Freire, la educación debe ser un acto de liberación que promueva la autonomía, el cuestionamiento de las estructuras sociales opresivas y la conciencia crítica. Los educandos no son receptáculos vacíos, sino sujetos activos capaces de transformar su realidad. Su método enfatiza la alfabetización que va más allá de la mera lectura y escritura para generar pensamiento crítico, necesario para la emancipación social. De tal modo, algunos elementos clave en su teoría se resumen en: educación como praxis liberadora; diálogo auténtico entre educador y educando; conciencia crítica; dominio del problema real y contexto social; y participación activa y creatividad.

Paulo Freire. Imagen: Universidad Rural Paulo Freire.

En tanto, la educación, para Fidel Castro, fue una herramienta estratégica fundamental para la construcción del socialismo y el dominio político y de la soberanía nacional. Sus aportes, más bien, se caracterizaron por:

  • un enfoque en la formación ideológica y política de los educandos;
  • una educación para la formación integral del hombre nuevo, comprometido con la Revolución y el proyecto socialista;
  • el rol del Estado como dirigente y controlador del sistema educativo; y
  • la educación como un derecho universal garantizado por el Estado solo para aquellos que cumplieran con los parámetros de “revolucionario” definidos por él.

O sea, promovió un sistema educativo centralizado, dirigido desde el Estado, con fuerte contenido ideológico.

Fidel Castro con alumnos cubanos en la Plaza de la Revolución. Imagen: Cubadebate.

A la larga, el enfoque castrista ha resultado en un estancamiento pedagógico. El currículo cubano sigue anclado en metodologías tradicionales, memorísticas y autoritarias. No existe una renovación adecuada que estimule el pensamiento crítico ni la creatividad.

De esta manera, la centralización y el control ideológico no ha permitido que la educación en Cuba opere fuera del fuerte control estatal y alineamiento ideológico. Ello ha limitado la autonomía profesional de los docentes y la pluralidad de ideas en el aula, con una historia documentada de censura y expulsiones docentes para los alumnos y profesores, ya no solo que criticaran, sino que incluso cuestionaran la realidad del país.

Por otra parte, ha conllevado a una desmotivación y falta de recursos. La precariedad económica ha afectado enormemente la infraestructura educativa, la formación docente y la disponibilidad de materiales didácticos. A lo cual se suma la falta de incentivos de estudiantes y profesores como resultado de una educación que no conecta con sus intereses ni con la realidad social, conduciendo a deserciones y emigraciones forzadas, tanto económicas hacia otros sectores laborales como de desplazamiento físico.

Por último, la enseñanza tecnicista y descontextualizada se ha enfocado en priorizar la memorización y la repetición de contenidos por encima del análisis crítico y la aplicación práctica. Con ello, se han limitado las capacidades analíticas tanto de alumnos como profesores. Aunque Cuba cuenta con una formación docente formal, en la práctica, raramente se enfatizan métodos innovadores o soluciones a problemas reales en las escuelas.

De tal modo, las teorías freirianas distan mucho de la realidad educativa cubana. En primer lugar, Freire consideraba al educador como un facilitador que debía aprender del alumno y crear un diálogo horizontal con un educando que fuera un sujeto activo y crítico. Esa relación dialógica, horizontal y de mutuo aprendizaje, donde ambos se instruyen y transforman, tan clara para el brasileño, Fidel la concebía a través de una jerarquía en la que el Estado —a través del educador— es el único capacitado para formar al ciudadano revolucionario. El maestro, en Cuba, apenas suele ser un trasmisor vertical de conocimientos a un alumno pasivo y obediente, más que un facilitador del diálogo, dictando clases con un discurso único al que los estudiantes responden con memorización.

Lo mismo sucede con el propósito de la educación. Para el teólogo brasileño, esta es un medio para promover la liberación y la transformación social mediante la conciencia crítica. Sin embargo, para Fidel Castro no era más que un instrumento empleado en la construcción del “hombre nuevo”, alineado con los valores del Estado socialista. Por tanto, la educación en Cuba se ha limitado por más de seis décadas a trasmitir una única ideología, con escasa participación en cualquier cambio social activo, enfocado en la historia y la política desde una sola óptica, ignorando la diversidad de perspectivas. Por ejemplo, los libros de texto de Historia y Educación Cívica promueven una narrativa estatal rígida, exenta del fomento de cuestionamientos críticos o pluralidad. Esto muestra una desconexión de la realidad social plural donde viven los jóvenes cubanos, quienes se sienten excluidos de los debates sobre su propio futuro.

En cuanto a la metodología, Freire definió que debía ser problematizadora, dialógica y contextualizada. Empero, en la Isla, se restringe a una mera repetición, memorización y análisis superficial, con escaso diálogo y cuestionamiento. Aunque el sistema cubano tiene programas de formación docente amplios, no hay una implementación efectiva de metodologías liberadoras y dialógicas. La escasa utilización de métodos que involucren proyectos prácticos o resolución de problemas abiertos no permite que se fomente un pensamiento creativo. Además, el exceso de estudiantes por aula y las limitaciones en recursos didácticos —e infraestructura— dificultan la implementación de técnicas más dinámicas.

Igualmente, el autor de Pedagogía del oprimido, afirmaba que el contenido a impartirse debía basarse en la realidad y necesidades del educando, vinculado a su contexto social. Para él, la educación debía concebirse como un proceso flexible, contextualizado. No obstante, Castro implementó un modelo estatal, rígido y centralizado, con currículos controlados y lineamientos ideológicos claros que sigue enfatizando todo el tiempo en ideas oficiales y poco adaptadas a la realidad dinámica.

O sea, mientras Freire esperaba que el resultado de su paradigma educativo diera ciudadanos críticos, autónomos y capaces de transformar su realidad y las estructuras de poder; bajo el liderazgo de Fidel Castro — y aún después de su muerte en 2016— la educación tenía que estar orientada a consolidar un proyecto político concreto, limitando cualquier cuestionamiento abierto que pudiera desafiar la estabilidad socialista. Es así que, desde el nivel de los consejos estudiantiles, estos y otros mecanismos de participación suelen estar controlados por estructuras que replican la jerarquía estatal, coartando el libre pensamiento y la autogestión. Por consiguiente, los estudiantes cubanos se gradúan con conocimientos técnicos, pero con una muy limitada capacidad crítica y creatividad.

En realidad, aunque las instituciones educativas cubanas reconozcan la importancia de la pedagogía freiriana, la práctica cotidiana dista totalmente de su enfoque. El mismo hecho de seguir celebrando el pensamiento de Fidel Castro —omnipresente en la ideología política verticalizada—, refleja el carácter dogmático de la educación en Cuba y veta de facto el cuestionamiento crítico, perpetuando un modelo educativo centrado en su figura y visión política. Por ende, cualquier intento de integrar ambos legados es una falacia, ya que la doctrina pedagógica cubana está más influida por el control ideológico castrista que por los principios dialógicos y liberadores de Freire.

Promoción de la cátedra Paulo Freire en el Instituto Pedagógico Enrique José Varona. Imagen: Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba.

No basta con un discurso de homenaje en eventos educativos ni con intentos de articular forzosamente el pensamiento fidelista con la pedagogía de Freire. La crisis educativa en Cuba, en gran parte resultado de la concepción educativa de Fidel Castro, podría comenzar a superarse, desde una perspectiva freiriana, si hubiera una voluntad real de desarrollar una educación liberadora, que fomentara la conciencia crítica y la participación de estudiantes y docentes; de descentralizar el currículum para adaptarlo a contextos locales y reales; de reconocer y respetar la autonomía del educador como agente transformador; de incorporar el diálogo y la praxis constante como métodos de enseñanza y aprendizaje; de atender la formación docente no solo en contenidos técnicos, sino también en metodologías críticas y participativas; y, sobre todo, de promover la integración de la educación con la realidad social y cultural del estudiantado para que sea relevante y movilizadora.

El legado de Freire podría ofrecer un camino para reimaginar la educación cubana, alejarla del autoritarismo de la educación bancaria y sumergirla en un proceso vivo de diálogo y praxis liberadora. Solo así podría la educación en Cuba cumplir su verdadero encargo social y humano, enfrentando exitosamente la complejidad de los retos que el país y su sociedad demandan hoy.

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