NOTA DE PRENSA N° 271
📷 Portada: Fotografía de actividad de UNESCO en Cuba. Fuente: ©️ UNESCO/D. Estrada.
La UNESCO y su visión ficticia de soluciones para la educación en Cuba.
La educación primaria y media en Cuba, históricamente considerada uno de los pilares del desarrollo social y cultural del país, viene enfrentando desde hace años una serie de problemas estructurales que han afectado su calidad, accesibilidad y continuidad. A esto se suma el anuncio gubernamental de la implementación de medidas aún más restrictivas, con profundas repercusiones negativas en la vida de la población, debido a la crisis energética que atraviesa el país.
Con el fin de exponer la situación correspondiente al Ministerio de Educación (MINED), la ministra Naima Trujillo Barreto compareció en el programa televisivo Mesa Redonda. Como respuesta a varias interrogantes, aclaró que la primera infancia, los círculos infantiles y el grado preescolar serían protegidos; afirmó que la enseñanza primaria seguiría priorizando la modalidad presencial, con una o doble sesión, según las condiciones de las escuelas y localidades; y declaró que la educación especial no sufriría modificaciones. Sin embargo, aunque explicó que en todos los casos prevalecería el trato directo con los estudiantes, advirtió que la docencia secundaria, preuniversitaria y técnico-profesional se diversificaría en función de las posibilidades de los propios centros escolares y su personal docente.

Naima Trujillo Barreto, ministra de Educación, durante su comparecencia televisiva en la Mesa Redonda. Fuente: Radio Camagüey (2026).
A raíz de este panorama, el 17 de febrero de 2026 la UNESCO lanzó un llamado a los socios internacionales para sumar esfuerzos con el fin de garantizar que “cada niña, niño y adolescente en Cuba pueda continuar aprendiendo y que las instituciones educativas en todos los niveles permanezcan como espacios seguros, inclusivos y protectores para estudiantes, docentes y comunidades”. Según Anne Lemaistre, directora de la Oficina Regional de esta organización en La Habana, “con apoyo oportuno, coordinado y sostenido, es posible salvaguardar la continuidad del aprendizaje, mitigar riesgos y fortalecer la resiliencia del sistema educativo cubano frente a desafíos actuales y futuros”.

Anne Lemaistre, directora de la Oficina Regional de la UNESCO en La Habana. Fuente: ACN (2026).
En este mismo espacio, Cira Piñeiro, viceministra cubana de Educación, expresó que “cada día sin combustible compromete la alimentación escolar, el transporte de docentes y estudiantes y la electricidad necesaria para sostener los programas educativos. Para nosotros, que la sociedad funcione comienza por la escuela; es lo primero que debe recuperarse”.
Como solución, Anne Lemaistre propuso acciones que considera minimizarían las vulnerabilidades estructurales a la par que fortalecerían la resiliencia del sistema educativo cubano. A saber:
- acceso a energía sostenible para 50% de las escuelas en Cuba;
- huertos escolares y prácticas de educación nutricional en 50% de los centros docentes;
- acceso a recursos y apoyos complementarios para cerca de los 80 000 docentes más afectados, en articulación con los esfuerzos nacionales en curso; y
- acceso a materiales escolares y al desarrollo de habilidades, así como a 25 000 jóvenes a cargo de proyectos de resiliencia comunitaria, para los 600 000 estudiantes más afectados.
Sin embargo, tanto la directora de la Oficina Regional de la UNESCO en La Habana como la viceministra de Educación parecen olvidar que los problemas que afectan la continuidad de los estudios en Cuba no son un producto temporal de la recientemente declarada crisis energética, sino que vienen siendo recogidos y denunciados por la sociedad civil y organizaciones independientes cubanas desde hace varios años. Dificultades entre las que destacan la alimentación, el transporte y la infraestructura escolar, con un impacto directo en niños, padres y docentes. Ello, sin contar las falencias formativas y el déficit de los recursos humanos a cargo de la docencia en todos los niveles del sistema de enseñanza.
Mientras una alta funcionaria internacional habla de huertos y educación nutricional en Cuba
Uno de los problemas más acuciantes es el de la alimentación escolar, un componente crucial para el desarrollo integral de los estudiantes, a lo cual se suma la precariedad alimentaria en los hogares. Si bien es cierto que el sistema garantizó durante años la entrega de raciones alimenticias, en el último quinquenio su cumplimiento se ha visto seriamente afectado por la crisis económica, el desabastecimiento y la escasez.
En las escuelas, los niños reciben porciones insuficientes o alimentos de baja calidad que incumplen con las necesidades nutricionales básicas. Organizaciones independientes como el Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH) y Food Monitor Program han denunciado que numerosos centros escolares carecen de productos básicos y proteínas esenciales; hecho que perjudica la concentración y el rendimiento académico, provocando desmotivación y absentismo. Asimismo, reportan que muchas familias deben complementar la alimentación escolar con recursos propios, lo que representa un gasto adicional en un contexto de economía deprimida; una carga económica que puede ser insostenible, sobre todo en hogares de bajos ingresos.

Almuerzo en escuelas de enseñanza primaria en Cuba. Fuente: CiberCuba (2026).
Incluso, esta situación ha sido reportada por funcionarios educativos. En 2001, por ejemplo, Alfonso Palomo Guerra, entonces trabajador de una de las Direcciones Municipales de Educación de Santiago de Cuba, cuestionó públicamente en un matutino la decisión gubernamental de invertir recursos económicos en equipos audiovisuales para apoyar la politización de la enseñanza en vez de utilizarlos para garantizar, por ejemplo, la leche a los niños mayores de 7 años. Según vio en sus visitas a diferentes escuelas, los educandos, carentes de una alimentación adecuada, se quedaban dormidos por la baja energía, debido al hambre, frente a los televisores, pues muchos de ellos apenas llegaban a las aulas con “un poco de agua con azúcar y un pedazo de pan”. El cuestionar que la prioridad fuera el adoctrinamiento infantil para consolidar el poder ideológico frente a la salud y a una educación de calidad para los niños, le costó —al igual que a su esposa— la expulsión de su centro laboral.
A lo largo de su historia, los programas de alimentación escolar han estado en el centro de la lucha por la justicia social y sociedades más equitativas. De hecho, la alimentación escolar está vinculada, sobre todo, con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (OSD) 2 (hambre cero), 3 (salud y bienestar), 4 (educación de calidad) y 12 (producción y consumo responsables) de la Agenda 2030, con cuyo cumplimiento, supuestamente, Cuba está comprometida.

Almuerzo escolar en el seminternado Don Bosco, Santiago de Cuba. Fuente: muro de Facebook de Yosmany Mayeta Labrada (2025).
Además, la inseguridad alimentaria en las escuelas agrava la desigualdad entre los estudiantes, incluso entre aquellos que pueden complementar sus almuerzos y meriendas. Ya no solo existe una brecha entre los niños que pueden llevar o no alimentos a la escuela. Sino que el tipo y la calidad de la comida que les mandan sus familias contribuyen a aumentar las diferencias. Esta situación contribuye, asimismo, a que los alumnos más pobres sean objeto de violencia y acoso escolar por parte de los más pudientes.
A esto se suma la precariedad alimentaria que luego enfrentan los alumnos y maestros en sus casas, sin recursos para desayunar o tener una alimentación adecuada. Por ejemplo, muchos niños entran a las aulas con apenas un vaso de refresco en polvo. Este consumo continuo de alimentos azucarados, ultraprocesados y deficientes desde un punto de vista nutricional no solo repercute en la salud y el desarrollo cognitivo de los estudiantes. Los docentes llegan a impartir las clases con hambre, falta de energía y desequilibrios en enfermedades de base como diabetes e hipertensión, lo cual afecta negativamente la calidad de su enseñanza y, por tanto, el aprendizaje de sus educandos.
Cabe mencionar que, en 2016, los profesores de la educación secundaria básica dejaron de tener derecho a recibir almuerzo: un pan con salchicha, jamonada o croqueta y un vaso de yogurt de soya. En su lugar, se les entregó un estipendio de 15 pesos cubanos, con los cuales debían cubrir su alimentación en horario de trabajo. Sin embargo, ese monto resultaba insuficiente para cubrir un plato de comida; además de adicionarles trabajo extra y consumo de tiempo, pues debían preparar no solo sus clases, sino también su alimentación, o incumplir con el reglamento y salir a la calle en horas laborales a comprar algo con que mitigar el hambre.
Semejante situación ha provocado, desde hace algunos años, que las madres no envíen a sus hijos a las escuelas, tal como recoge Martí Noticias. Testimonios reflejados por este medio en 2024, en provincias como Guantánamo, Mayabeque y Holguín, atestiguan esta problemática. Una decisión que las familias se plantean cada día más.
¿Sobre cuáles infraestructuras sostener las energías sostenibles?
Otro de los graves problemas que aumentan el ausentismo escolar es la deficiencia energética que se ha agravado en Cuba desde 2019. Como consecuencia de la falta de combustible, el país sufre largos y continuos apagones de hasta más de 24 horas seguidas. Esta situación provoca que los niños no tengan condiciones para descansar ni realizar sus deberes escolares. Por tanto, llegan al otro día sin haber podido estudiar la lección y con sueño, lo cual atenta contra su rendimiento académico. Como solución, varias provincias de Cuba, como Villa Clara, si bien mantuvieron el horario de entrada para los alumnos, reprogramaron las jornadas docentes de 10:00 a.m. a 12:00 p.m. y de 2:00 p.m. a 4:20 p.m.

Niñas en edad escolar haciendo sus deberes a la luz de un celular. Fuente: elToque (2025).
El déficit de combustible no solo afecta a estudiantes y maestros en su descanso, sino que también dificulta su transportación hacia los centros escolares. En muchas provincias del país, sobre todo en la región oriental y zonas rurales, la falta de transporte adecuado impide el acceso regular a las instituciones educativas; a lo cual se suma el deterioro de la flota de vehículos estatales.

Estudiantes y docentes de la escuela secundaria básica Fructuoso Rodríguez Pérez, en el municipio de Madruga, provincia Mayabeque, pierden clases por no poder subir a la única guagua que pasa por su territorio. Fuente: Cuban Herald (2026).
Por ejemplo, medios independientes como ICLP y CubitaNow han reportado que muchos alumnos deben caminar kilómetros o depender de transportes informales e inseguros para llegar a sus escuelas. Incluso las guaguas destinadas para el transporte de educandos con condiciones especiales, como la correspondiente a la escuela Dora Alonso, para niños con autismo, presentan también problemas de infraestructura e insumos. Esta situación no solo genera cansancio y riesgos para la seguridad física, sino que también provoca faltas y deserción escolar.
Asimismo, los maestros enfrentan dificultades para movilizarse, especialmente aquellos que trabajan en escuelas alejadas. La falta de incentivos y la carencia de transporte contribuyen al ausentismo docente y a la rotación de profesionales, afectando la continuidad educativa y la calidad de la enseñanza.
Por otra parte, los problemas de infraestructura escolar parecen no tener fin. En Cuba, más que un componente clave para garantizar un ambiente adecuado para el aprendizaje, la mayoría de los centros docentes presentan fallos estructurales derivados del envejecimiento de los edificios, la falta de mantenimiento y la escasez de materiales para reparaciones; no solo los afectados por el paso de eventos meteorológicos. Por doquier, se encuentran escuelas con techos en mal estado, instalaciones eléctricas antiguas, aulas superpobladas y falta de mobiliario básico.
Varias organizaciones civiles, como la Plataforma Democrática Cubana y el Observatorio Cubano de Derechos Humanos, han denunciado que muchas instituciones educativas funcionan en condiciones precarias, con riesgos para la integridad física tanto de estudiantes como de docentes. Por ejemplo, en localidades como Baracoa, en la provincia Guantánamo, se han reportado que las escuelas afectadas por huracanes llevan años sin recibir reparaciones pertinentes. En 2022, Cienfuegos y Pinar del Río albergaron aulas improvisadas en salones comunitarios o galpones sin ventilación, lo que dificultaba la asistencia y afectaba la salud de los estudiantes.

Condición constructiva de la escuela primaria Manuel Angulo Farrán, en la provincia de Holguín. Fuente: Martí Noticias (2023).
De igual modo, la falta y desigualdad en el acceso a tecnologías educativas, como computadoras e internet, limita la modernización del aprendizaje y la posibilidad de implementar modalidades híbridas o a distancia. En tiempos de la pandemia de covid-19, cuando se recurrió a la enseñanza a distancia, muchos estudiantes no tuvieron acceso a internet ni dispositivos electrónicos que permitieran la continuidad del aprendizaje. Estas condiciones adversas contribuyen también a la desmotivación y al bajo rendimiento académico.
La infraestructura escolar deficiente, que abarca también los medios de estudio impresos, incide negativamente en la decisión de los padres de enviar a sus hijos a la escuela y en la permanencia de los docentes en el sistema. Medios independientes como ADN Cuba han publicado testimonios de profesores y padres que deben reunir recursos propios para proporcionar copias o materiales a los alumnos debido a que las escuelas no reciben suficientes recursos. Por ejemplo, para el inicio del curso escolar 2025-2026, la ministra de Educación reconoció que aún no se contaba con la totalidad de los libros correspondientes al tercer perfeccionamiento de la enseñanza en el país en los grados 3ro y 6to (primaria), 9no (secundaria básica) y 12vo (preuniversitario).
Este panorama se extiende, incluso, al acceso a los uniformes escolares, que enfrenta una severa crisis producto de la escasez de materias primas, la falta de financiación estatal y el impacto de los prolongados apagones en la producción nacional. Solo una fracción de la matrícula recibe prendas nuevas, lo que obliga a las familias a recurrir al mercado informal a precios elevados, siendo perjudicada su economía doméstica. Por ejemplo, para el curso 2024-2025, la Industria Ligera solo pudo financiar una parte de la demanda y reportó un déficit de más de un millón de uniformes. De esa producción, la venta se limitó solo a los alumnos de los grados preescolar, 5to, 7mo, 10mo y primer año de la educación técnico-profesional. Incluso los educandos con derecho a uniformes nuevos se ven afectados al no encontrar tallas adecuadas para ellos, sumando estrés a los padres. La situación ha llegado a tal punto, que se han abierto tiendas en otros países, como Estados Unidos, donde familiares o amigos residentes allí pueden comprar uniformes cubanos y enviarlos a los niños en Cuba.

Cartel promocional de venta de uniformes cubanos de la tienda Ñooo que barato, en Miami. Fuente: Cubanet (2021).
Hablar de apoyos complementarios ante problemas estructurales
Por último, pero no menos importante, se encuentra el déficit de maestros, sobre todo en las enseñanzas primaria, básica y preuniversitaria. A los problemas de alimentación, transporte e infraestructura que afectan por igual a sus alumnos, se añade un salario insuficiente para cubrir las necesidades más elementales. Situación que provoca un desplazamiento laboral hacia otros sectores más remunerados, como el privado, aun cuando no ejerzan nunca más el magisterio; e incluso el éxodo migratorio. Esto provoca entre una enorme desmotivación, renuncias y falta de actualización profesional dentro del personal docente, lo que afecta la calidad docente y la estabilidad del cuerpo catedrático.
Sin embargo, el gobierno de Cuba, junto con el MINED, agrava la falta de profesores en las escuelas cubanas al enviar maestros a otros países como parte de brigadas educativas con el fin de recaudar divisas. Así, mientras el curso 2024-2025 cerró con un faltante de más de 26 000 educadores a nivel nacional y en lo que va de 2025-2026 no se ha podido completar la plantilla en ninguna de las provincias, Cuba mandó 16 nuevos integrantes a la Brigada Educativa de La Habana en Jamaica y más de 100 maestros a Bahamas.
Todos estos problemas conforman un círculo vicioso que atenta contra la continuidad de los estudios en Cuba desde hace varios años, evidenciados y denunciados por la sociedad civil cubana en medios independientes y redes sociales. Organizaciones y observatorios, como el Observatorio de Libertad Académica-Cuba (OLA-Cuba), no solo han reportado estas violaciones al derecho a la educación ante la comunidad internacional; también han solicitado que organismos internacionales, como la propia UNESCO, presten una atención real a lo que viene sucediendo al interior de Cuba: un sistema educativo politizado, tensionado y con un evidente deterioro que afecta el acceso, la calidad y la equidad educativa. Sin un cambio estructural y la voluntad de implementar políticas integrales que atiendan estas problemáticas, el desarrollo educativo del país seguirá en riesgo, con profundas consecuencias sociales.
Para el Estado cubano, garantizar el derecho a una educación digna y de calidad para niños y adolescentes cubanos debe ser una prioridad que permita asegurar un futuro más justo e inclusivo para las nuevas generaciones. Es imprescindible que se le preste a esta problemática una atención urgente y multidimensional que incluya inversiones en infraestructura, con prioridad para mantenimiento y reconstrucción de escuelas en mal estado; una alimentación escolar adecuada para educandos y educadores; mejoras y aseguramientos del transporte escolar, en especial en áreas rurales o de difícil acceso; materiales didácticos y dispositivos tecnológicos actualizados; mejoras de las condiciones laborales y salariales de docentes; y conversaciones con organizaciones civiles y la propia población para conocer las verdaderas necesidades y construir soluciones participativas.
Al mismo tiempo, los organismos internacionales tienen que dejar de considerar los problemas del sistema educativo cubano como eventos puntuales y aislados en el tiempo. Es imperativo que comiencen a contemplarlos como resultado del declive sistemático de las decisiones estatales y gubernamentales que han llevado a su implosión; así como a atender y validar los reclamos y denuncias de la sociedad civil cubana. Sus llamados y programas de ayuda no pueden ser soluciones parciales que sigan permitiendo ni justificando esta situación; sino que deben responder a necesidades in situ y tener un seguimiento y supervisión que garanticen su cumplimiento y utilidad.