NOTA DE PRENSA N° 266
Diplomacia de tiza y petróleo: el ocaso de las misiones educativas cubanas en Venezuela
La relación entre Cuba y Venezuela en el siglo XXI no puede entenderse únicamente a través del intercambio de barriles de petróleo y maletines de divisas. El verdadero aglutinante de la alianza bolivariana reside en una estructura de poder blando y control social diseñada en La Habana y ejecutada en las barriadas venezolanas: las misiones sociales. De todas, las misiones educativas (Robinson, Ribas y Sucre) representaron la vanguardia ideológica del proyecto de Hugo Chávez y Fidel Castro. Lo que se presentó al mundo como un esfuerzo filantrópico para erradicar el analfabetismo fue, en realidad, el despliegue de una arquitectura de influencia política y formación de cuadros sin precedentes en América Latina.

Imagen: Prensa Latina (2022).
Desde su inicio, las misiones educativas cubanas en Venezuela no fueron concebidas según los estándares tradicionales de la UNESCO, sino como un mecanismo de contención y movilización política. El Convenio Integral de Cooperación permitió que miles de asesores cubanos desembarcaran en tierras bolivarianas para implementar el método de alfabetización “Yo sí puedo”.

Imagen: Cubainformación (2020).
La Misión Robinson, de alfabetización, fue el primer paso para captar a los sectores más excluidos de la sociedad venezolana, vinculándolos emocional y materialmente al Estado. Desde un punto de vista político, esto permitió al chavismo llevar a cabo un censo social detallado de las comunidades pobres, utilizando a los maestros cubanos como puentes entre el Palacio de Miraflores y el pueblo.
Por su parte, las Misiones Ribas (bachillerato) y Sucre (universidad) elevaron la apuesta. No solo se trataba de enseñar a leer, sino de formar al Hombre Nuevo del socialismo del siglo XXI. Los currículos, supervisados por expertos cubanos, enfatizaban una visión revisionista de la historia, la exaltación del caudillismo y el rechazo al sistema democrático liberal. Políticamente, estas misiones sirvieron para otorgar títulos exprés a miles de simpatizantes, insertados luego en la burocracia estatal, garantizando la lealtad de la administración pública mediante la gratitud educativa.

Imagen: Albaciudad (2015).
Para Cuba, las misiones educativas han sido, sobre todo, un negocio de exportación de capital humano. Ante la incapacidad de la industria azucarera o manufacturera, el Estado cubano convirtió a sus profesionales en su principal producto de exportación y Venezuela pagó por estos servicios precios muy superiores a los de mercado, a menudo con envíos de crudo que Cuba después reexportaba.
Partiendo de un enfoque político, este mecanismo permitió a La Habana mantener su economía a flote sin realizar reformas de mercado, mientras que para Caracas significó la compra de un sistema de inteligencia y control social validado por la longevidad de la autocracia isleña. Los educadores cubanos ejercieron en las comunidades más remotas de Venezuela como los ojos y oídos de la revolución, detectando focos de disidencia y promoviendo la organización de los Consejos Comunales, células fundamentales del control territorial del Partido Socialista Unido de Venezuela.

Imagen: Albaciudad (2015).
Sin embargo, a inicios de 2026, el escenario de estabilidad de las misiones educativas se desvanece. El previsible ocaso del chavismo las coloca en una posición de vulnerabilidad absoluta. Si los seguidores de Nicolás Maduro pierden el poder —ya sea por una transición negociada o por un colapso interno—, las misiones cubanas serán el primer objetivo de eliminación del nuevo gobierno.
Para la oposición venezolana, los educadores cubanos no son maestros, sino agentes de ocupación y adoctrinadores. Por tanto, una nueva administración procedería, probablemente, a la expulsión masiva de todo el personal de la Isla, cancelando de inmediato los convenios de pago. Esto dejaría a miles de profesionales cubanos en un limbo legal y personal, enfrentando procesos de deportación hostiles.
Por consiguiente, los títulos otorgados por las misiones Ribas y Sucre podrían ser invalidados o sometidos a revisión por un nuevo Ministerio de Educación, bajo el argumento de incumplir con los estándares académicos internacionales y constituir meras herramientas de propaganda. Esto generaría una lógica y profunda revisión social a lo interno de Venezuela; y, respecto a Cuba, significaría el fracaso total de su modelo de exportación de servicios educativos.

Imagen: Prensa Latina (2018).
Entretanto, el gobierno de Donald Trump ha dejado bien clara su intención de desarticular el eje La Habana-Caracas como prioridad para la seguridad nacional. Tanto Washington como grupos de la sociedad civil independiente cubana han denunciado las misiones cubanas como una forma de esclavitud moderna o trata de personas. Por ende, un cambio en la alineación política venezolana hacia una línea pro norteamericana forzaría un retiro apresurado que dejaría desamparados materialmente a los colaboradores cubanos, cuyo balance económico radica, fundamentalmente, en la posibilidad de acumular bienes semiperdurables inaccesibles acorde con su escala salarial en Cuba.
Un aspecto político y humano crítico es el destino de los propios maestros. En 2026, ante la inestabilidad de la situación en Venezuela, es posible esperar un aumento masivo de las deserciones de colaboradores cubanos.
Durante años, Venezuela ha sido el trampolín para que los profesionales cubanos escapen a terceros países. Sin embargo, con el endurecimiento de las políticas migratorias en Estados Unidos y el resto de la región, estos maestros podrían quedar atrapados en una Venezuela convulsa. Correrían, entonces, un doble peligro: el gobierno cubano pudiera endurecer el control sobre sus colaboradores, tratándolos como desertores y prohibiéndoles la entrada a la Isla, lo que generaría una crisis de derechos humanos; mientras que no debe obviarse un posible escenario donde los grupos radicales venezolanos tomarían represalias contra los cubanos, vistos como el brazo ejecutor de la ideología chavista. Sin dudas, la seguridad física de los docentes cubanos desde el 3 de enero de 2026 es uno de los riesgos más altos.
Incluso si el chavismo lograra sostenerse en el poder, las misiones educativas enfrentarían una pérdida total de prestigio y eficacia, ya que la crisis económica venezolana ha vaciado las aulas de las misiones. Los estudiantes, abrumados por la necesidad de buscar comida o emigrar, han abandonado los programas. Políticamente, esto significa que el poder blando de Cuba se ha agotado. El método educativo cubano ya no será visto como un regalo, sino como una reliquia de misiones en ruinas.
Indudablemente, el fin de las misiones educativas en Venezuela tras la caída de Maduro provocaría un impacto político sísmico en La Habana. El corte de los pagos venezolanos dejaría al Estado cubano sin capacidad para importar alimentos y combustibles básicos. Asimismo, el retorno forzado a una Cuba en crisis de miles de maestros que han vivido la realidad venezolana y la esperanza de un cambio podría actuar como catalizador de protestas internas.
Otra consecuencia a tener en cuenta en un panorama de retirada expresa o la expulsión de las misiones educativas cubanas de Venezuela tras los últimos acontecimientos, consistiría en que otros gobiernos de la región rompiesen o reevaluasen sus convenios educativos con Cuba, como ya sucedió años atrás en Brasil, Bolivia y Ecuador. Ello conllevaría a una especie de marginación de un sistema educativo con probada eficacia de penetración político-ideológica en las naciones hospederas. Baste revisar los nombres de autoridades académicas implicadas en casos de violaciones de derechos humanos al interior de las instituciones docentes cubanas, principalmente universidades, que hoy integran los claustros u ocupan cargos en la estructura institucional de la enseñanza superior en la región.
La narrativa oficial de Cuba como “potencia médica y educativa” se sustenta, en parte, en la existencia de estas misiones. Sin Venezuela como escaparate y financista, Cuba perdería su principal herramienta de influencia en organismos internacionales como la OEA[1] o la CELAC[2]. La educación cubana dejaría de ser un modelo exportable para convertirse en un objeto de estudio sobre el fracaso del adoctrinamiento político financiado por la renta extractiva.
Por último, podría revelarse cómo la educación fue utilizada para el espionaje y la persecución política en Venezuela mediante las misiones educativas. Esto dañaría irreparablemente la reputación de las misiones humanitarias cubanas en todo el mundo, dificultando que otros países aceptasen a sus maestros en el futuro.
Hasta ahora, ni el gobierno cubano ni sus Ministerios de Educación han emitido ningún comentario sobre el destino de las misiones educativas en Venezuela a pesar de que organizaciones independientes, como el Observatorio de Libertad Académica, han exigido el retorno de los docentes y expresado preocupación por sus condiciones materiales y de seguridad tras el 3 de enero de 2026. Asimismo, OLA-Cuba ha reportado que los colaboradores cubanos en territorio venezolano enfrentan restricciones de movilidad y comunicación impuestas por estructuras de inteligencia de la Isla establecidas en ese país.
Las misiones educativas cubanas en Venezuela, que alguna vez fueron la joya de la corona del ALBA[3], se dirigen a un final abrupto en 2026. Su pecado original radicó en su propia naturaleza, al ser diseñadas para encadenar a los ciudadanos venezolanos a un proyecto político específico a través del adoctrinamiento y la dependencia estatal, en vez de liberarlos por la vía del conocimiento. Como sea, quedarán, a largo plazo, en el recuerdo de ambos pueblos como un secuestro geopolítico de la educación.
[1] Organización de los Estados Americanos: principal foro gubernamental político, jurídico y social del Hemisferio, agrupa a treinta y cinco países y fue creada en Bogotá, en 1948.
[2] Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños: mecanismo intergubernamental fundado en 2011 que incluye permanentemente treinta y tres países.
[3] Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América: plataforma de integración fundada en La Habana en 2004 mediante una Declaración Conjunta y el Acuerdo para la Aplicación del ALBA, firmados por Hugo Chávez Frías y Fidel Castro Ruz.