La UNESCO y su visión ficticia de soluciones para la educación en Cuba.
La educación primaria y media en Cuba, históricamente considerada uno de los pilares del desarrollo social y cultural del país, viene enfrentando desde hace años una serie de problemas estructurales que han afectado su calidad, accesibilidad y continuidad. A esto se suma el anuncio gubernamental de la implementación de medidas aún más restrictivas, con profundas repercusiones negativas en la vida de la población, debido a la crisis energética que atraviesa el país.
Suspensión de clases en la universidad cubana, otro golpe al derecho a la educación.
En la primera semana de febrero de 2026, el gobernante cubano Miguel Díaz-Canel Bermúdez anunció en una comparecencia televisiva que Cuba entraba en un estado de contingencia energética, por lo que sería necesario tomar medidas urgentes que afectarían los servicios y a la población. Al día siguiente, el ministro de Educación Superior, Walter Baluja García, explicó grosso modo las disposiciones que adoptarían las universidades como sector no esencial para el consumo de energía.
Violencia y transgresión ética en las escuelas cubanas, lo que UNICEF prefiere ignorar.
Durante décadas, el sistema educativo fue presentado como uno de los pilares inamovibles de la Revolución cubana. Sin embargo, tras la fachada de las estadísticas gubernamentales, se ha gestado un proceso de deterioro ético, moral y físico que ha transformado la escuela cubana en un espacio de conflicto y carencia. Esta crisis no es un fenómeno fortuito, sino el resultado de décadas de extrema politización, la ruptura del vínculo familia-escuela y una depauperación económica que ha convertido al aula en un reflejo de la anomia social que padece el país. Ante este escenario, la respuesta del Ministerio de Educación (MINED) y las autoridades pertinentes ha sido ambivalente, oscilando entre la negación oficial, la externalización de culpas y la implementación de reformas cosméticas que no atacan la raíz del problema.